EL DUELO EN TIEMPOS DE LAS REDES SOCIALES

Por: Dr. Hugo Castelblanco Sierra
hugo.castelblanco@gmail.com

Para la mayoría de las personas, hablar de la muerte ha sido siempre un tabú. Es claro que día a día estamos verificando la realidad de la experiencia de muerte, pero en lo más profundo de nosotros, seguimos albergando la idea de que la muerte es una experiencia que viven “los demás” y que esta, si es que llega a sucedernos, está aún muy lejana. Una canción muy conocida de Juanes dice: “…todos los días a Dios le pido, que si me muero, sea de amor”. Observemos que Juanes maneja la frase en condicional: “que si me muero…”, no dice: “que cuando muera..”. La muerte, aunque sabemos que no podemos evadirla, nos hace albergar la esperanza de que aún esté muy lejana. Esto nos permite decir: si algún día llego a morir (expresión condicional), pues que sea, pero por ahora, es mejor no hablar de ella, sobre todo, de manera pública.

 Sin embargo, con el advenimiento de las redes sociales, se están produciendo cambios radicales a este respecto y es innegable que cada vez haya más personas que hablan públicamente de sus sentimientos por la pérdida de un ser querido en estos espacios virtuales, mostrando abiertamente sus emociones y sentimientos. Las personas se sienten más claramente invitadas a compartir su experiencia como dolientes o duelistas y constituyen un sector de creciente importancia relacionado con esta nueva manera de expresar las emociones ante una pérdida significativa. 

Sin lugar a dudas, las plataformas sociales son una eficaz herramienta de apoyo durante el proceso de duelo, debido a que, por medio de ellas, hemos podido recuperar la manifestación del duelo como vivencia social, algo que habíamos perdido. Esto es lo que Freud y Lacan llamarían la función subjetivadora del duelo. Pero mientras Freud afirma que este es un trabajo principalmente del inconsciente1, para Lacan es un trabajo que deberá realizarse de manera plenamente consciente, tanto desde la dimensión íntima o privada como desde la pública.2 Así, dentro de esta lógica, el trabajo de subjetivación abarca desde la perspectiva de lo público:  los discursos sociales, políticos, religiosos o familiares referidos a la muerte de las personas queridas3, así como los modos de hacer el duelo, las costumbres, los ritos funerarios.4 Todo esto, en estrecha relación con la vida privada de cada época y los modos particulares de expresar el dolor. Es decir, lo íntimo. 

Hace algunos años, cuando nuestras abuelas perdían a un ser querido, guardaban riguroso luto, algunas veces durante varios años, simbolizando ese hueco profundo que genera una pérdida significativa y que se pensaba, nunca podría sanarse. Es indudable la contribución que las redes sociales han hecho para llenar este vacío, brindando un camino de esperanza cierta para el trabajo de duelo y la normalización de las emociones. Mediante su aporte, el trabajo de duelo hoy en día se hace cada vez más público y eso es bueno en la medida que se trata de una experiencia afectiva que supone ser comunicada; pero también esta labor es personal, íntima y eso atiende de manera directa a la efectividad del trabajo orientado al fortalecimiento de nuestra autoestima.  Es indudable que el poder compartir ampliamente lo que sentimos y pensamos durante nuestro duelo, en espacios que en otras épocas nos parecieron muy distantes, no solo valida esta experiencia, sino que nos ayuda a identificar y sanar las emociones involucradas, a tiempo que nos invita a asumir los roles que sean necesarios para adaptarnos a un mundo en el cual nuestro ser querido ya no estará presente, al menos de la manera acostumbrada. La relación cambia. Nosotros ya no seremos los mismos y eso implica que podemos mejorar de manera sustancial en el ámbito de lo personal, lo familiar y lo social, así como en nuestras dimensiones emocionales, reflexivas y espirituales. 5

 La parte más profunda y estable de nuestra identidad como seres humanos, se  construye emocional, cognitiva y espiritualmente, desde la mirada del otro, en la medida en que me expongo, me comunico con él y aprendo de las diferencias. Recordemos que somos seres de naturaleza social. Para realizar este trabajo, las redes sociales contribuyen a ponernos de presente que cada ser humano es único y por tanto diferente y esa es su mayor contribución a nuestro mejoramiento, pues mientras las similitudes fortalecen lo que somos, las diferencias favorecen nuestro crecimiento integral, en la medida en que representan nuevos retos y nuevas formas de afrontar la vida. 

Una comunidad virtual, por otra parte, ayuda a las personas en duelo a hacer de su condición de “soledad”, un espacio de trabajo creativo denominado “solitud”, es decir, “soledad en plenitud”, en el cual estamos reflexionando proactivamente y decidiendo realizar acciones novedosas que traigan nuevos pensamientos y nuevos sentimientos generadores de paz y serenidad. Por contrapartida, cuando utilizamos este espacio de soledad, solamente para “rumiar” nuestro dolor e impotencia, nos sumergimos en ese desesperanzador sentimiento de “desolación” que nos hace creer que nada ni nadie puede contribuir a la sanación de nuestro dolor. Mientras que la “desolación” nos lleva al aislamiento, la “soledad en plenitud” nos provee de innumerables espacios de acogida, fortalecidos por los abrazos virtuales y las palabras de aliento que nos proporcionan las personas que acompañan nuestro proceso en las redes y que dan cabida a nuestro íntimo compartir, porque entienden que es una manera de rendir homenaje a la memoria de nuestro ser querido. 

Finalmente, pongamos de presente que para que nuestra participación en las redes sociales sea benéfica, es condición imprescindible que tengamos una razón y una motivación para hacerlo y que nuestra participación no sea producto de alguna presión generada por el grupo o por alguno de sus líderes. Si compartimos un escrito o unas fotos, lo haremos porque sentimos la necesidad o porque nos apetece hacerlo y con la plena consciencia  de que el trabajo de duelo es personal y que por tanto nadie, en ningún lugar del mundo, tiene todas las respuestas ni puede reemplazarnos en la realización de este trabajo, ofreciéndonos curas milagrosas. El verdadero milagro siempre ha estado dentro de nosotros mismos: nuestra capacidad de decidir, aún en los momentos más absurdos, dolorosos y difíciles.

__________________

[1] Freud, S. (1917). Duelo y Melancolía. 

[2] Lacan, J. (1964-65). Seminario XII: Problemas cruciales para el psicoanálisis.

[3] Las manifestaciones de “Las Madres de la Plaza de Mayo” en Buenos Aires reclamando a la dictadura información sobre el destino de sus hijos, son un claro ejemplo de la fuerza que puede representar lo público en la manifestación del duelo.

[4] La eliminación de los ritos funerarios durante la pandemia dio origen a gran parte de la “Pandemia emocional” que sucedió al COVID y que aún está vigente.

[5] Tedeschi y Calhoun (2012). Crecimiento Postraumático. Bases Conceptuales.

1 comentario en “EL DUELO EN TIEMPOS DE LAS REDES SOCIALES”

  1. Qué pasa cuando un familiar está en cuidados paliativos y su vida se va apagando. ¿Cómo lo hablas?, ¿Cómo te preparas? También es un duelo anticipado. Es difícil dejarlo ir. ¿Cómo se le llama a esto?

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