Por : Tanatóloga Marlén Atallah – Acompañante en procesos de duelo.
Marlenatallah@yahoo.ca
Como tanatóloga y como ser humano, he caminado muchas veces junto al dolor de otros. Escucho frases como: “Nadie me llama”, “mis amigos se alejaron”, “me dicen que ya debería estar mejor”. Y cada vez que las escucho, algo dentro de mí se activa: una mezcla de tristeza, comprensión… y una certeza profunda. La soledad en el duelo no siempre viene de la ausencia de quien murió, sino del silencio de quienes siguen vivos.
Con el tiempo he comprendido que no es maldad ni indiferencia. Es miedo. Miedo a no saber qué decir, a “hacerlo peor”, o incluso, a despertar los propios dolores no resueltos. Porque acompañar a alguien en duelo, no solo requiere empatía, también exige valentía: la de mirar hacia adentro, la de sostener sin controlar, la de estar sin pretender “arreglar”.
El duelo, por su naturaleza, nos confronta con lo esencial. Y eso incomoda. Como sociedad, no nos han enseñado a permanecer con el sufrimiento ajeno. Nos sentimos responsables del consuelo, como si nuestro deber fuera eliminar el dolor, cuando en realidad, lo que más necesita quien atraviesa una pérdida, es validación, respeto y tiempo.
Desde la perspectiva tanatológica, sabemos que cada persona vive el duelo a su manera y a su ritmo. Sin embargo, seguimos esperando respuestas estándar, frases que alivien o fórmulas que acorten el proceso. Pero el duelo no se soluciona, se transita. Y se transita mejor si alguien lo camina contigo, aunque no tenga respuestas.
Acompañar no es decir algo perfecto, es estar. A veces, un “no sé qué decirte, pero aquí estoy” es el mayor acto de amor. Y eso es algo que intento recordar a cada familia, a cada amigo, a cada red de apoyo que rodea al doliente. No huyas porque te duele su dolor: acércate y tal vez descubras que también tú estás sanando algo.
El duelo incomoda, sí. Pero también transforma. Nos pone de frente con lo que evitamos, y nos da la oportunidad de crecer como seres humanos más conscientes y compasivos. No necesitamos ser expertos en duelo para acompañar, solo estar dispuestos a no huir.
