En el corazón de la chata. LA SOLEDAD EN EL DUELO

Por: Beatriz López
Chatalopez2@hotmail.com

Queridos amigos y amigas.

Cuando la vida nos enfrenta a un dolor tan profundo como es  la pérdida de un ser querido, sentimos que el nuestro es único, aunque la realidad es que muchas personas en nuestro entorno, están viviendo una pérdida que, si bien es diferente a la nuestra, es plenamente comparable, ya que, para todas ellas, su dolor es el más grande del mundo. No nos compete juzgar este sentimiento. Somos únicos y esto se hace evidente por la forma en que cada uno de nosotros expresa su dolor.

Ante la singularidad de esta experiencia, podemos equivocadamente pensar que la debemos vivir de manera aislada, pues nadie podría llegar a empatizar y comprender la magnitud de lo que sentimos. La verdad es bien diferente. Cada ser humano manifiesta su duelo de manera única y por lo tanto, al acercarnos al dolor del otro, podemos aprender algo importante sobre nuestro propio dolor. Descubrimos que solos no podemos elaborarlo, que necesitamos escuchar y ser escuchados, abrazar y ser abrazados, amar y ser amados. Requerimos acompañar nuestra soledad, al tiempo que estamos presentes en la soledad del otro y, en esta “soledad acompañada”, abrimos un espacio ideal, no solo para expresarnos, sino para la toma de nuestras propias decisiones. El camino del duelo está hecho de decisiones que invitan a vivir la soledad en plenitud e impiden que caigamos en la desolación.

Fue durante mis momentos de soledad que decidí arreglar el cuarto de mi hijo, ver sus fotos y videos, reincorporarme a mi trabajo, reencontrarme con la naturaleza, reclamarle a Dios y reconocer que tenía amigos que me amaban y buscaban comprenderme. Aprendí que, en la medida que permitía que me amaran, dejaba de ser una víctima del destino. Siempre encontraremos seres humanos dispuestos a acompañarnos. Es nuestra decisión permitirlo o no. 

Una vez que mi esposo y mi hijo debieron retornar a sus actividades laborales y de estudio, experimenté mucho miedo de quedarme sola. Mi hijo nos había comunicado su deseo de tener una mascota que le sirviera de apoyo y compañía. Fue un gran acierto tener a nuestra Tata. Recuerdo que cada vez que me sentía morir, la perrita, aunque estaba aún muy pequeñita, percibía mi dolor y se acercaba a lamerme los pies. “Aquí estoy yo para acompañarte”, parecía decirme y eso me llenaba de calma y serenidad. Aprendí que para acompañar a alguien que está en duelo, no se precisan las palabras.

Hemos aprendido que en el camino del duelo, las emociones dejan de agobiarnos en la medida que aprendemos a expresarlas con oportunidad, honestidad y libertad. Luego sabemos que debemos darle espacio a las tareas que nos permitirán responder a los “¿por qué?” y que nos liberarán de la impotencia de nuestros “si hubiera”. Estamos listos para formular ahora nuestros “¿para qué?” y descubrir que el camino del duelo ha tomado dimensiones de eternidad y que en este trascender nos plantea nuevos propósitos y retos. 

En los primeros días de mi duelo, pregunté a mi esposo: “¿Qué debo hacer para que se me quite este dolor?” Y él me respondió: “Debemos aprender a Amar y Servir”. Con el transcurso del tiempo, veo que esas palabras fueron la mejor medicina para mi dolor y, para el logro de este propósito, he decidido seguir aprendiendo a Amar y Servir hasta el último día de mi vida. Debo reconocer además que he sido ampliamente recompensada, pues no hay nada más satisfactorio que la sonrisa de una madre cuando agradece nuestra humilde compañía.

Por favor: ¡No puede haber soledad en el duelo, mientras existan tantos seres humanos que necesitan nuestra compañía para ser amados y servidos! ¡Amen y Sirvan sin temor y sin medida, ese es el verdadero sentido de la vida…!

Un abrazo: La Chatita

1 comentario en “En el corazón de la chata. LA SOLEDAD EN EL DUELO”

  1. Gracias chatica, siento soledad y nostalgia,a pesar de que estoy ofreciendo compañía y sirviendo a mis seres queridos, pero hay un pero,no se si soy yo,oh! Son mis seres amados que no entienden,mis emociones,de todas maneras me encanta escucharlos, gracias

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