Nadie entiende mi dolor: pero yo sí puedo abrazarlo.

Por : Niria Donis Valdés
@nanai._niria_maat
nidova1806@gmail.com

Cuando nos encontramos transitando por un proceso de duelo, nos sentimos abrumados por una tristeza que no tiene explicación. Nos preguntamos por qué el dolor continúa y nos sentimos impotentes por no encontrar alivio.

Muchas preguntas llegan a nuestra mente y no encontramos respuestas, a veces, la gente también nos abruma con preguntas o comentarios, pidiéndonos que seamos fuertes, que nos repongamos ante este dolor que ni siquiera nosotros podemos explicar.

En ocasiones las personas que están a nuestro alrededor no comprenden la complejidad de este proceso emocional que se vive en silencio. Durante los primeros días después de la pérdida, las personas nos ofrecen su ayuda, su apoyo con algunos trámites, con llevarnos y traernos de algunos lugares, nos regalan libros, nos invitan a comer, nos visitan, etc. Pero, conforme va pasando el tiempo, cada persona comienza a retomar sus actividades normales, porque a pesar de nuestra pérdida y nuestro dolor, la vida sigue para todos.

Es entonces cuando se hace presente la soledad en nuestro proceso de duelo, nos encontramos tratando de retomar nuestra vida normal, aunque de normal no tenga nada. Necesitamos regresar al trabajo, requerimos cumplir con las actividades diarias en casa, posiblemente atendiendo a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestras mascotas, y observamos que, a pesar de nuestro dolor, debemos levantarnos para continuar con esas actividades que reclaman nuestra presencia.

A veces sentimos que nadie entiende nuestro dolor, porque lo que realmente quisiéramos, sería quedarnos acostados todo el día, durmiendo para evadir la realidad, una realidad que se hace presente en todos lados.

Pero a pesar de todo este dolor, de la soledad que sientes, necesitamos dar el primer paso. Un paso cada día, pero sin parar. Un paso para el día de hoy, levantarte de esa cama, bañarte y, en honor a esa persona que se fue, prepararnos un rico desayuno.

Levantarnos, bañarnos, y sí, comenzar a actualizar nuestro currículo para encontrar ese nuevo trabajo. Levantarnos, bañarnos, y sí, salir a caminar a pesar de haber perdido el cabello después de esa quimioterapia.

Efectivamente, ante una pérdida y durante nuestro proceso de duelo, se hace presente el dolor y la soledad. Y ese dolor y esa soledad nos deben dar la fuerza de intentar comenzar de nuevo, porque no estamos solos, nos tenemos a nosotros mismos.

Tenemos nuestra mente, nuestros pensamientos y, aunque sea muy en el fondo de nuestro corazón, nuestras ganas de seguir viviendo, para continuar honrando a quienes ya no están con nosotros; para continuar caminando y disfrutando de lo que sí podemos disfrutar en esta vida, a pesar de lo que ya no está, a pesar de haber perdido ese empleo, esa pareja, a pesar de haber perdido la salud, o a nuestro ser querido. Nos tenemos a nosotros y somos valiosos, tú eres valioso, tu vida es valiosa y te mereces continuar por este camino, llenando tu corazón de amor, de agradecimiento y de compasión, para transformar ese dolor y esa soledad, en un sentimiento de amor propio y fortaleza interior que te ayudarán a seguir adelante.

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