Por: Dr. Hugo Castelblanco Sierra
hugo.castelblanco@gmail.com
“En la película «Trilogía de la Canción de la Antorcha», hay una escena dramática en la que Arnold, el protagonista gay, provoca la ira de su madre viuda al rezar el kadish por su compañero perdido. «¿Cómo puedes comparar tu pérdida con la mía?», pregunta ella.
Esta escena se repite innumerables veces al día, mientras las personas experimentan la profunda pérdida de un ser querido. En algunos casos, puede ser la pérdida de un amante, homosexual o heterosexual. En otros, puede ser una pérdida perinatal, la pérdida de un excónyuge, un colega, un compañero de trabajo o un amigo. A veces, la pérdida se produce por divorcio o ruptura, o por la experiencia de un cambio significativo en la otra persona. En otras muchas ocasiones, la pérdida puede ser la de una mascota.
En cada una de estas situaciones, una persona ha experimentado la pérdida de un apego significativo. Y en cada situación, esta pérdida puede no ser reconocida ni validada por los demás. El duelo experimentado posteriormente se ve privado de derechos: la pérdida no puede reconocerse abiertamente, validarse socialmente ni lamentarse públicamente.”
(Del Prólogo del libro: “Disenfranchised grif” de Kenneth J. Doka)
“En verdad, no hay mayor desolación que la del dolor que nadie ve”.
Enunciemos algunos ejemplos en donde está presenta esta desolación:
- Aborto electivo.
- Pérdida perinatal.
- Encarcelamiento.
- Pérdida de empleo.
- Abandono.
- Acoso o maltrato familiar.
- Infertilidad.
- Relaciones rotas (divorcio, separación).
- Orientación sexual (oculta, inhibida o rechazada).
- Pérdida de un animal de compañía.
- Pérdida psicosocial (por ausencia, ruptura, exclusión o transformación profunda).
- Reubicación (en una nueva ciudad o país, en un nuevo entorno habitacional, en un nuevo trabajo).
- Enfermedad.
- Duelo anticipado.
Estas son algunas de las situaciones en la que el duelo no siempre es reconocido por la sociedad. Además, hay también otras en las que no se le reconoce a la persona su calidad como doliente:
- Personas con discapacidades del desarrollo.
- Personas con enfermedades mentales o demencia.
- Personas con ideas o comportamientos diferentes a los de su entorno social.
- Los muy jóvenes.
- Los muy ancianos.
Hay muchas situaciones en las que los seres humanos podemos estar viviendo un duelo secreto, innombrado o un duelo privado de derechos:
- Su expareja fallece, por ejemplo, y sus amigos no ven por qué este duelo es importante.
- Una ejecutiva está teniendo una aventura seria con su compañero de trabajo casado. Cuando él muere inesperadamente, la expresión de su dolor se ve limitada por la naturaleza encubierta de la relación.
- Un cónyuge, hermano o hijo desaparece en una acción militar y el duelo quiere ser encubierto con la validación de que se trató de un acto heróico.
- La muerte se produjo por causas socialmente inaceptables, como el SIDA o el suicidio.
- Nuestro perro, gato, nuestro animal de compañía ha muerto.
Cuando se está de luto por una pérdida no reconocida o infravalorada, se pueden escuchar afirmaciones inaceptables como estas:
- «Cuando suceden estas cosas, todo lo que puedes hacer es darte tiempo y esperar».
- «Eventualmente, lo superarás. Lo mejor es tratar de dejar atrás lo que pasó y volver a la normalidad lo antes posible, tratar de seguir como si nada hubiera cambiado”.
- “No tiene sentido buscarle razones a algo así. Eso es enfrentar el absurdo. Lo mejor es tratar de olvidar«.
A veces, quienes se enfrentan al duelo, se privan de trabajarlo adecuadamente con algún tipo de “rumiación” interna:
- «En varias ocasiones, me siento desleal al reír o tratar de ser feliz. A veces siento que le debo a él/ella, vivir en el dolor».
- «¿Qué puedo hacer?, ¿qué esperar?», «me avergüenza admitir que, de alguna manera, parece que he crecido a partir de la muerte de mi hijo/a».
- ¿Cómo puedo amar y dejarme amar si al final todo se reduce a esto?».
He aquí diferentes aspectos de esa condición frecuente, pero generalmente innombrada que en el duelo se conoce como: duelo invisible. Son esas pérdidas que duelen sin hacer ruido, esas ausencias que no encuentran palabras en el lenguaje cotidiano, ni rituales que las contengan, todas tienen algo en común: no son socialmente legitimadas y, por tanto, quien las sufre, carga no solo con el dolor de la pérdida, sino además con la confusión, la vergüenza o el aislamiento de sentirse sin permiso para compartir, para sufrir en compañía.
¿Qué es un Duelo Invisible?
El término duelo no reconocido o duelo invisible, fue acuñado por el psicólogo Kenneth Doka para describir aquellas pérdidas que no se ajustan a las normas sociales que dictaminan quién puede expresar su dolor, cómo, por cuánto tiempo y por qué razones. En estos casos, el entorno no ofrece el sostén emocional habitual: no hay funerales, ni cartas de pésame, ni frases como “te acompaño en tu dolor”. El sufrimiento se vuelve íntimo, callado, incluso negado por la misma persona que lo experimenta, sintiendo que no tiene derecho a estar triste.
Algunos ejemplos de frases usuales en estos duelos invisibles incluyen:
- Aborto espontáneo o pérdida gestacional temprana, minimizada con frases como: “Eres joven, ya tendrás otro hijo”, “Dios lo tiene ahora como un angelito a su lado”.
- Pérdida de una mascota, que suele subestimarse como: “Era solo un animal”, “bastará con que te compres otro perro para que dejes de sufrir”.
- Muerte por suicidio, marcada por el estigma, la vergüenza y el silencio: “¿En dónde le fallé, por qué no me di cuenta de lo que planeaba?”, “¿por qué no me confió sus sufrimientos antes de tomar esta terrible decisión?”.
- Rupturas o muerte de parejas, en particular, si fueron relaciones no reconocidas públicamente: “Finalmente, creo que se trató de un castigo divino para sancionar mi infidelidad”.
- Pérdidas simbólicas, como la jubilación, la pérdida de fertilidad, de un sueño, de una vocación, de la nacionalidad, de la libertad o la pérdida de la salud: “Bueno, todo eso es parte de la vida y no tienes por qué echarte a llorar, con el tiempo lo superarás”.
El Derecho a Sentir Sin Tener que Justificar
El duelo no necesita permiso. No requiere que los demás comprendan, validen o expliquen por qué algo duele. Lo que duele, duele. Y cada persona tiene derecho a su propia expresión del dolor.
Esta afirmación conecta directamente con dos tareas centrales de nuestro modelo “LAS 15 TAREAS DEL DUELO”:
Tarea 1: Expresar
La primera necesidad frente a cualquier pérdida, es poner en palabras lo que se siente. Al inicio de un duelo, esto no está claro. No podemos precisar qué es lo que estamos sintiendo. Por tal razón, es importante que busquemos expresarlo y, para ello, como lo hemos descrito ampliamente en esta tarea, hay diferentes formas además del llanto y la queja, que son también plenamente válidas. Expresar nuestras emociones es la única manera que tenemos para lograr conocerlas.
“Expresa tus emociones para que las conozcas”.
Reconocer la Importancia de la Pérdida
El hecho frecuente de que ante estas pérdidas, las personas de nuestro entorno no alcancen a valorarlas plenamente, hace importante que seamos nosotros mismo quienes las valoremos. Algunas de esas pérdidas son conocidas por todos, pero no todos las validan. En tal caso debemos defender nuestro derecho a Expresar, de forma respetuosa, pero asertiva: “Agradezco tus palabras y tu buena intención, pero yo necesito comunicar esto que estoy sintiendo. Si quieres ayudarme, por favor, siéntate y escúchame”.
Otros duelos, por su propia naturaleza íntima, no hacen posible que podamos exteriorizarlos libremente con nuestro entorno familiar o social. Es entonces necesario buscar ayuda especializada para acompañar estos duelos o bien, buscar personas que hayan vivido algo semejante, para escuchar y ser escuchado.
Crear Espacios Seguros Para Expresar
Por otra parte, cuando no hay reconocimiento externo, se hace aún más importante crear espacios seguros para hablar, escribir, llorar o simbolizar lo perdido. Expresar, no es solo catarsis; es afirmación de existencia. Es declarar: “Esto me importa,” y decirlo con la plena conciencia que hace parte del proceso de sanación y con la expectativa cierta de que el dolor no durará para siempre. Escribir, dibujar, componer, coleccionar, meditar y orar, son formas proactivas de Expresar, en las que podremos descubrir vivencias sorprendentemente efectivas y gratas.
Tarea 6: Aceptar
Aceptar, no significa resignarse, sino reconocer con dignidad emocional lo que se ha perdido, incluso si el mundo alrededor no lo ve. Aceptar es decirse:
“Tengo derecho a estar triste, aunque los demás no lo entiendan”.
Cómo Acompañar el Duelo Invisible
La clave para acompañar estos procesos está en desarrollar una presencia compasiva y libre de juicio, que nos devuelva el derecho a sentir. Tengamos presente algunas pautas concretas para quienes elaboran su propio duelo o para aquellos que acompañan:
- Nombrar la pérdida. A veces lo más sanador es decir: “Eso que viviste fue una gran pérdida. Es natural que duela”.
- Evitar minimizar. Frases como: “era solo una mascota” o “no estaban casados” invalidan el vínculo. Mejor decir: “Sé que esa relación fue importante para ti”.
- Abrir espacio para el relato. Preguntar: “¿Quieres contarme cómo fue?” permite reconstruir el significado que esa pérdida tenía.
- Respetar la forma de duelo. No todos lloran, no todos necesitan rituales formales. Pero todos necesitan respeto.
- Ofrecer rituales alternativos. Una carta, una vela, una caja conmemorativa, una caminata simbólica… pequeños gestos ayudan a elaborar lo que no fue visibilizado.
Cuando el mundo no lo nombra, nómbralo tú
El dolor que no se nombra, se queda atrapado Y muchas veces, el trabajo terapéutico y humano más profundo, está en ayudar a esa persona a ponerle nombre a su ausencia, a devolverle el valor de lo perdido. Porque no hay pérdidas pequeñas cuando el amor ha estado implicado.
Aceptar que el duelo invisible es real, no es solo un acto de empatía. Es también un acto de justicia emocional, porque toda pérdida significativa merece el derecho a ser sentida, expresada y transformada.
“Si estás atravesando una pérdida que el mundo no ve, debes tener presente que tu dolor es válido. Tu tristeza tiene sentido y tu duelo, aunque invisible para otros, tiene un lugar en tu mente y en tu corazón. No necesitas justificar lo que sientes. Solo necesitas darte el permiso de sentirlo. Y ese permiso, es aquí y ahora”.
Recursos Para el Acompañamiento del Duelo Invisible
- Buscar espacios terapéuticos donde se validen todas las formas de pérdida.
- Crear rituales personales de despedida.
- Participar en grupos de apoyo o círculos de palabra.
- Escribir una carta de cierre simbólico.
- Lectura recomendada: “El duelo no reconocido” de Kenneth Doka.
Un estrecho abrazo para todos
Hugo Castelblanco S.
