“El duelo no acepta prisa”

Por: Psico. Lina Domínguez
Psicóloga/Coach Ontológica y acompañamiento del duelo.
https://linadominguez.com/

Cuando atiendo en consulta a personas sobre una pérdida que genera un duelo, llegan con una pregunta recurrente: “¿cuándo va a pasar este dolor? Necesito dejar de sentir esto pronto”. Yo los miro con amor y empiezo un proceso de psicoeducación sobre el duelo y las expectativas de avanzar “rápido” y poner en el calendario un mes, en el que a nuestro criterio, ya debemos estar mejor. Pero la naturaleza  humana no funciona así, ella nos recuerda algo distinto: cada ser vivo tiene su propio ritmo de crecimiento y forzar ese proceso, no solo es imposible… sino contraproducente.

La naturaleza nos enseña con sabiduría muchas cosas que hoy quiero que analicemos.

Cuando siembro una semilla de la que nace un árbol, puede necesitar de 2 a 3 años, solo para echar raíces. Y es posible que no esté dando frutos aún, porque requiere de más tiempo para fortalecerse. No es tardanza, es su ritmo.

En el duelo pasa igual: los primeros meses e inclusive el primer año, es un tiempo de contención, de introspección, de reorganizar el mundo interno. Puede no verse el “avance”, pero por dentro se están acomodando raíces emocionales.

¿Qué pasa si intentas que un árbol crezca más rápido de lo que puede, o lo fuerzas a recibir más sol, más agua o más poda de la necesaria? Seguramente sabes que no lograrás buenos resultados. Cuando a un frutal se le presiona a dar fruto antes de tiempo, detiene su desarrollo. En agronomía se llama estrés por crecimiento acelerado y reduce la longevidad del árbol. 

Y así pasa cuando una persona vive un duelo. Presionarla con decirle “ya deberías estar mejor”, solo le genera culpa, estrés y agotamiento. El crecimiento emocional, como el botánico, no acepta empujones.

Alguna vez alguien me dijo cuando tuve un duelo: “Tú puedes lentificar el proceso, pero no acelerarlo.  Sabiduría pura.

Pero miremos qué puede ayudar en el duelo: Comprensión, paciencia, respeto, entendimiento y cuidado, pero jamás la prisa por pasar la página del libro de tu vida. 

Veamos de forma analógica con la naturaleza este tema tan necesario:
Un árbol no florece por exigencia, florece y da frutos por condiciones:

  • Un suelo nutritivo (red de apoyo).
  • Agua regular (autocuidado).
  • Sombra cuando hace demasiado sol (descanso, pausas).
  • Poda consciente (soltar culpas, revisar creencias, pedir ayuda).
  • Abono (terapia emocional, grupos de apoyo, experiencias significativas, esperanza).

Y si un árbol tiene un año duro, no muere: se recupera al año siguiente.


En el duelo también hay temporadas. Meses donde en uno, se sienten avances y, en otros, donde parece retroceder. Esto no indica estancamiento, sino ciclos. Por eso, cuando alguien entra a la consulta diciéndome: “hice muchas cosas por mi duelo”, con una sonrisa y orgullo, hay que celebrarlo, porque cada paso es un avance en el proceso del duelo.

La reflexión de hoy que quiero compartir, es que cada persona florece cuando su proceso interno está listo. Algunos duelos se transforman en uno o dos años, otras personas necesitan incluso más. Lo importante no es la velocidad, sino mantenerse en movimiento: recibir “agua”, “luz”, “abono emocional” y permitir que la vida vuelva a entrar poco a poco. No hay fechas límite. El corazón, igual que un árbol, necesita tiempo… y cuando está listo, vuelve a dar fruto.

Presionar un duelo, no solo no ayuda: genera más dolor, más complicaciones y más bloqueo emocional.
El camino de transformación se fortalece con lo que también fortalece a los árboles: ritmo, cuidados constantes, espacio para respirar, abono emocional y temporadas de descanso. Si una persona se respeta en su proceso, sus raíces se profundizan y su capacidad de volver a florecer crecerá con el tiempo, no con la prisa.      

Con aprecio.

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