Por: Lic. María del Rosario Ortega Ortega
Lic. En trabajo Social, con especialidad en Socio Terapia Sistémica Tanatóloga – Certificada en la Metodología de las 15 Tareas del Duelo
@rosario.tanatologa(Facebook) / @unaluzparatuduelo(Instagram)
Recordemos que la espiritualidad no es una religión: es la búsqueda de un significado y propósito en la vida, la conexión con algo más grande y trascendente que uno mismo, el desarrollo de la experiencia interior. Se centra en la dimensión personal, involucrando aspectos como la reflexión, meditación, conexión con la naturaleza o el altruismo, que contribuyen al bienestar emocional y a la resiliencia. Así mismo se crea y se fortalece la empatía y la compasión hacia la humanidad, como con cualquier ser viviente
La espiritualidad se diferencia de la religión, en que no requiere de una institución que se administre con normas, reglas y financieramente; tampoco se requiere de un lugar para reunirse como una iglesia, un templo, una mezquita o un centro ceremonial.
La religión es un conjunto de creencias, dogmas, prácticas y rituales que vinculan a las personas con lo que consideran sagrado o divino. También puede referirse a la virtud que lleva a venerar a Dios, al cumplimiento de un deber de forma laica, a algo que se respeta como sagrado. La religión y la espiritualidad pueden compartir prácticas como las creencias, las doctrinas, la fe, el perdón y el agradecimiento.
Si bien es cierto, teniendo en cuenta en algunas culturas, el sistema de creencias, la religión, principios y valores desde los ancestros, la muerte se toma con mucho respeto y una persona cuando muere, se considera algo sagrado, tanto como un dios. En otras, se acepta tal como se fundamentó evolutivamente el ciclo vital, así mismo, reflexionando que todo lo que tiene vida en el mundo es finito. Otros consideran que de acuerdo con su religión, la persona en el momento de morir empieza a vivir.
Sin duda, la muerte de un ser querido, incluyendo a una mascota o enterarnos de la de alguien cercano, es impactante y dolorosa, en ocasiones, cuando ese ser viene de un proceso de enfermedad prolongada o terminal, practicamos la negociación, una de las etapas del duelo de Elizabeth Kubler Ross, haciendo un trato con el Ser Supremo, la Vírgen o algún santo al que se tiene devoción, prometiendo hacer cambios en su vida por obtener la mejoría del enfermo; cuando esta no sucede y muere, viene el enojo y la rabia a quien se le pidió y rogó con mucho fervor, Hay personas y sacerdotes que sugieren y recomiendan que hagan reclamos y hablen con ese Ser, manifestando su enojo y desacuerdo.
Ahí se inicia el duelo, un tanto difícil por la negación, ya que no existe ningún deseo de aceptar que estamos viviendo una nueva realidad y empezamos a transitar un camino, a lo mejor, no tan desconocido por los antecedentes también de un duelo anticipado no tratado y emprendemos ese camino, con obstáculos desafiantes, sobre todo a nuestras creencias, atrapándonos en un gran agujero sin salida, porque al querer salir de ahí, cavamos y cavamos, pero equivocadamente no avanzamos, porque no reflexionamos, ni meditamos, porque el enojo nos absorbe el amor, nos convierte el corazón en roca y no hay apertura para el entendimiento. Ahí estamos perdiendo toda espiritualidad, religión estima, confianza y sentido.
Es natural que por la muerte de un ser querido te sientas desconectado(a) en cuestiones espirituales. Este dolor puede ser una crisis de fe, pero puede ser una oportunidad para que tu espiritualidad madure y se adapte a una nueva realidad.
La recuperación no es lineal ni tampoco inmediata, pero es necesario buscar apoyo profesional efectivo y eficiente, ayuda que encontrarás en las plataformas de LAS 15 TAREAS DEL DUELO.
- Qué Hacer si Aún no me Decido a Recibir Apoyo
Permítete la crisis: El duelo es una época de gran turbulencia emocional. Es normal sentirse enojado(a) con Dios, el destino o el universo o con ese ser al que le tienes fe y devoción.
Valida tus emociones y sentimientos: No reprimas nada, date permiso de cuestionar a quien consideras tu Poder Superior. Esta honestidad emocional es, en sí misma, un acto espiritual.
Nueva dimensión de Dios: Reconoce que el duelo te exige una nueva visión. La espiritualidad en el duelo no es un Dios que te cumple todos tus deseos, sino una energía que abraza tu alma cuando todo parece haberse derrumbado. Tu fe puede transformarse, de la creencia en la protección.
Acepta el misterio: La espiritualidad te ayuda a aceptar que hay cosas que no se pueden entender, ni controlar, como la muerte. No busques respuestas donde no las hay, enfócate en buscar consuelo.
Conéctate a través del amor y el legado: El amor que sentías por el ser que ha muerto, es la conexión más fuerte y la forma más profunda de mantener viva su presencia espiritual.
Frecuencia del amor: Una orientación espiritual sugiere que el amor es una “Frecuencia Infinita”. Puedes enviar un mensaje, una oración, o un deseo desde el amor de tu corazón, con la seguridad de que les llega en ese rincón que ocupan en el universo como seres de luz.
Recuerda lo positivo: Honra a tu ser querido, quédate con lo mejor que fue, recopila sus enseñanzas, los recuerdos más felices, goza, revive esos momentos, Ese ser existirá en ti en el legado de amor que dejó y lo será eternamente mientras tú lo permitas.
Actos de bondad y servicio: Encuentra un propósito espiritual al realizar o involúcrate en alguna causa que era importante para tu ser querido, canalizando la energía del dolor hacia algo constructivo.
Incorpora prácticas espirituales de autocuidado: Las prácticas diarias y los rituales pueden devolverte una sensación de paz y conexión.
Rituales de recuerdo: Permite alinear el pasado y el presente en un lugar y un momento para la conexión consciente (Crear un altar, encender una vela, con fotos, objetos significativos o visitar un lugar sagrado o alguno especial).
Oración o meditación: Ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, promueve el bienestar emocional a partir de la autoempatía, escoge un lugar tranquilo que puede ser al aire libre, un rincón preferido de él o ella, Si no crees en la oración, solo agradece por el tiempo que compartieron.
Conexión con la naturaleza: Fomenta una sensación de conexión y pertenencia en este mundo, guía tu mente y reflexiona sobre los que aún están aquí.
Escritura terapéutica: Es una práctica muy sanadora: escribe una carta o un diario para expresar las emociones, comparte tu día a día, platícale todo lo que quieras, ten la seguridad de que está ahí, siempre a tu lado. Siempre está a un pensamiento de distancia.
Ve despacio. Un día a la vez: El duelo lleva tiempo y la espiritualidad no tiene prisa, toma el tiempo necesario para honrar tu dolor y encontrar nuevas herramientas (como la fe, la esperanza, el amor, el agradecimiento) que te harán volver a “tierra firme”.
No olvides cuidar tu salud: alimentarte bien, hacer ejercicio, cuidar tu sueño.
Cree en ti. No es fácil, pero te puedes recuperar, restructurarte con sentido de vida, aquí entra parte de tu espiritualidad, tu fe, tus creencias, la esperanza y la convicción.
