Por : Niria Donis Valdés
@nanai._niria_maat
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Cuando hablamos de espiritualidad, hablamos de algo que va mucho más allá de las creencias religiosas.
La espiritualidad está relacionada con esa búsqueda de propósito y sentido en la vida. Es un camino individual que nos lleva al autoconocimiento, a la comprensión y a la conexión con esa paz interior, con algo que muchas veces es difícil plasmar en palabras. Unos la llaman la fuerza superior, la fuerza interior, la energía divina, el universo, Dios, etc.
Muchos teóricos hablan de la espiritualidad como un elemento fundamental para el ser humano, ya que es la forma como cada uno encuentra un significado, un alivio o una esperanza ante los acontecimientos de la vida que, muchas veces, no logramos comprender.
La espiritualidad significa abrazar el aquı́ y el ahora, lo que tenemos en este instante y agradecerlo.
Durante todo este tiempo acompañando a personas en duelo, soy más consciente de la importancia que tiene esa dimensión espiritual de la que nos hablaba Vı́ctor Frankl, que se relaciona con la capacidad que todos tenemos de elegir libremente cómo respondemos ante las adversidades de la vida.
Cuando hablamos de la dimensión espiritual en una persona, hablamos de su libertad, de su conciencia, de su capacidad de amar, de su voluntad y de cómo desea trascender en la vida.
Tener fortalecida nuestra dimensión espiritual, no significa estar feliz con la pérdida que nos causa dolor. No quiere decir que nos dé gusto perder a un ser querido, perder un trabajo, perder una relación, una mascota o estar viviendo cualquier otro tipo de pérdida.
Cuando hablamos de espiritualidad y de nuestra dimensión espiritual aplicada en el proceso del duelo, hablamos de esa forma en la que vamos a comportarnos frente al dolor que estamos viviendo. Hablamos de esa creencia en algo superior, que más allá de nuestra propia existencia, nos hace ser agradecidos con lo que hemos tenido y responderle a la vida de forma resiliente y no victimizada.
El dolor que nos causa vivir un proceso de duelo derivado de pérdida, es el indicador de ese vı́nculo entrañable que hemos tenido con lo que estamos perdiendo (un ser querido, una mascota, un trabajo, una relación).
No existe ningún vı́nculo significativo sin duelo; no podemos vincularnos a través del amor y pretender que, cuando perdemos, no nos duela. Claro que duele y de ese dolor no escapa nadie. El dolor en el duelo forma parte de la vida, exactamente como la alegrı́a forma parte del amor y, quizá, como dicen muchos, el dolor es el precio que pagamos por el amor que sentimos.
Soy plenamente consciente del miedo y del dolor que causa una pérdida en la vida de las personas, sobre todo cuando tenemos frente a nosotros, como tanatólogos, a una persona que se muestra vulnerable dentro de un proceso lleno de tristeza que, a veces, cuesta trabajo entender.
Cada persona hace una experiencia muy particular de su proceso de duelo. Esto depende, muchas veces, de todas esas herramientas internas que ha guardado en su dimensión espiritual antes de su pérdida. Muchas veces he observado que cuando una persona ha trabajado en su espiritualidad, que tiene creencias fuertes, que ha vivido bajo rutinas que nutren su interior, viven un proceso más amoroso. No quiero decir que no sientan dolor, sino que, para ellos, es mucho más fácil transformar ese dolor en un agradecimiento por lo que tuvieron y que, aunque en este momento lo estén perdiendo, son resilientes ante la situación que viven y cómo responden ante ella.
Te preguntarás: ¿Cómo se puede fortalecer la espiritualidad? Algunas formas de hacerlo y que dependerán de tus creencias son:
- El fortalecimiento de tu FE, de acuerdo con tu creencia religiosa.
- La meditación y la atención plena. Estar en constante conexión con el momento presente.
- Mantener un diálogo interno que sea honesto y constante con uno mismo, para comprender nuestros pensamientos y sentimientos.
- Practicar la gratitud, reflexionando todos los dı́as sobre las bendiciones que recibimos y agradeciendo por ellas. Esto nos permitirá mantener una actitud positiva.
- Mantener conexión con otros, buscando oportunidades para servir a los demás. Esto puede darse dentro de tu propia comunidad, en tu iglesia o en los diferentes ámbitos sociales que frecuentes.
- Frecuentemente conecta con la naturaleza. Las caminatas al aire libre, por ejemplo, nos ayudan a mantener esa conexión.
- Practicar el arte. La escritura, la música o el baile, son formas de expresarnos y conocernos interiormente.
- La lectura de temas que te interesen, de temas de autoconocimiento, historias de éxito, etc.
No es obligatorio que las practiques todas y de forma inmediata. Lo importante es que inicies con pequeños pasos que te ayuden a fortalecer esa espiritualidad, la misma que te ayudará al momento de estar viviendo un proceso de duelo.
“La espiritualidad no es una tonterı́a, se trata de estar disponible para el proceso de la vida en su alcance más completo, no solo
fı́sico, no solo mental, sino completamente.
Esto es espiritualidad”.
Sadhguru
