ANSIEDAD POR SU AUSENCIA

Por: Lcda. Sheyla Ruiz Tellez
lruizsheyla555@gmail.com

La ansiedad es una emoción que se manifiesta como respuesta al miedo e inquietud, ante situaciones desconocidas o imprevistas y en exceso, puede afectar la toma de decisiones, la salud mental y nuestra calidad de vida.

Cuando perdemos un ser querido, sin minimizar el dolor del cómo, cuándo y dónde, nuestra mente se paraliza, se desorienta, llora su terrible ausencia y lamenta los potenciales… “ya no será”.

No solo se pierde la presencia del ser amado, sino toda la vida futura con él, se termina su amor, los besos, abrazos y caricias, las rutinas, las costumbres, los horarios, los planes de vida, las fechas importantes, los futuros viajes, los valores y principios compartidos que hacían surgir vivencias especiales y también se pierden, los consejos que ya no escucharemos.

La ansiedad causada por el miedo al incierto mañana agobia, cansa, drena, pues el cerebro trabaja continuamente buscando respuestas, soluciones y reemplazos para poder organizar y reestructurar la vida que ha quedado suspendida y en pausa y poder así, construir una nueva normalidad que pueda cambiar el futuro que fue hecho pedazos. 

Además, se debe ajustar la personalidad a la realidad que viene cada día, forjando una persona más fuerte, segura, madura, más empoderada y resiliente que enfrente los nuevos retos de la vida, buscando y obteniendo lo que quiere y necesita, a pesar de la ausencia de la persona amada.

La ansiedad disminuye mientras más fortalecida, centrada y sólida está nuestra autoestima y nuestra energía esté enfocada en trabajar y servir.

Con valentía y coraje, soltar el control de lo que no se puede cambiar y con la ayuda de una buena red de apoyo conformada por familia, amigos, equipo psicológico, poder crear con estrategias y proyectos de servicios, un propósito de vida que honre y sea un homenaje a nuestro ser querido.

Debemos adaptarnos positivamente con optimismo y sabiduría al nuevo estilo de vida, buscando la fortaleza espiritual con la fe en Dios y la firme creencia de que Él será de apoyo para encontrar la paz interior, la esperanza y la gratitud por la vida. 

Esa gratitud, ese agradecer cada día, disminuirá la ansiedad pues los pensamientos y el tiempo que pudiésemos dedicar a preocuparnos por el futuro incierto, lo dedicaremos a agradecer a todos y cada uno de los que nos han ayudado en los momentos difíciles, agradecerles por ser y estar, agradecer todas las actividades y acciones que hemos tomado y nos han servido para ser realistas, reconstruirnos de nuevo y ser una mejor persona. 

La cura de la ansiedad es la confianza en ti mismo y en el Dios que te protege y guía”

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