Cuando alguien se derrumba

Editorial

Hay momentos en la vida en los que una persona deja de poder sostenerse como lo hacía antes. Algo sucede —una muerte, una pérdida, una noticia, un cambio inesperado— y aquello que parecía firme se desordena. Entonces alguien cercano suele preguntarse: ¿qué hago?, ¿qué digo?, ¿cómo ayudo?

Quizá la primera respuesta sea más sencilla de lo que creemos: estar.

Cuando alguien se derrumba, nuestro impulso puede llevarnos a levantarlo inmediatamente. Queremos tranquilizarlo, darle explicaciones, encontrar las palabras correctas, devolverle cuanto antes la calma. Pero acompañar no significa hacer que el otro deje de sentir lo que siente.

Acompañar es permanecer cerca mientras recupera, poco a poco, la capacidad de sostenerse.

En el duelo, esta diferencia es fundamental. Acompañar sin invadir, significa respetar que el dolor tiene una intimidad que no nos pertenece. No todo silencio necesita una pregunta. No toda lágrima necesita una explicación. No toda persona que sufre está pidiendo que resolvamos su sufrimiento.

Apoyar sin negar significa ofrecer presencia sin convertirnos en apagadores de emociones. Podemos ayudar a que alguien atraviese una emoción intensa, sin decirle que no debería sentirla. Podemos decir: “Estoy aquí. No tienes que resolverlo todo ahora”. Y, a veces, esa frase puede ser mucho más reparadora que cualquier consejo.

Cuidar siendo conscientes de nuestra propia capacidad, es quizá uno de los aprendizajes más difíciles. Quien acompaña también tiene límites. No podemos vivir el duelo por el otro, tomar todas sus decisiones, evitarle cada dificultad ni convertirnos en responsables de que esté bien. Cuidar no es cargar con la vida ajena. Es ayudar a que el otro pueda recuperar sus propios recursos para vivirla.

En Las 15 Tareas del Duelo hemos insistido en algo que atraviesa nuestro trabajo: el duelo no se resuelve simplemente dejando pasar el tiempo; se transita tomando decisiones. Y muchas de esas decisiones comienzan en algo tan elemental como permitirnos sentir, hablar, pedir ayuda, aceptar lo que ha cambiado y aprender, gradualmente, a cuidarnos de otra manera.

Por eso, cuando alguien se derrumba frente a nosotros, tal vez no necesite que lo levantemos. Tal vez necesite saber que no está solo, mientras encuentra cómo volver a ponerse de pie.

Acompañar es caminar al lado, no caminar por el otro.

Y quizá esa sea una de las formas más profundas del cuidado: estar suficientemente cerca para sostener, y suficientemente lejos para permitir que el otro siga siendo protagonista de su propio duelo.

1 comentario en “Cuando alguien se derrumba”

  1. Al manifestar Las emociones es una forma de sanación,con mis pérdidas la qué me derrumbó a sido la muerte de Juanes,sigo en ése duelo ~~sube ,normal y bajas,sigo aprendiendo, pero sigue doliendo,hablo sobre el suicidio lloro hay días qué llega ésa nostalgia tan profunda que la siento la vivo, pero sigue el amor, actividades,la vida con los hermosos recuerdos

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