DUELO POR LA PÉRDIDA DE UN NOVIAZGO

Por : Ana Laura Rosas Bucio
lrosasb@hotmail.com

Los seres humanos necesitamos del otro,  no solo como familia, como amistad o compañía. Necesitamos establecer relaciones amorosas con otras personas. Al llegar a la adolescencia,  buscamos establecer relaciones de noviazgo con alguien más.

El primer noviazgo/amor, típicamente, nos lleva a experimentar conexiones nuevas, que no se habían sentido antes. Son emociones nuevas e intensas y se experimentan tan precipitadas, que son difíciles de olvidar. Con este primer amor creamos nuestra propia definición del amor; probablemente tenemos nuestras primeras experiencias íntimas, besos y caricias. En realidad, tenemos que decir que se experimentan todas las primeras situaciones cariñosas y hasta nuestras primeras pérdidas amorosas.

No es que el primer amor sea el más importante, pero sí es una relación que, al marcar muchas cosas que experimentamos por primera vez, será difícil de olvidar. Como todo lo primero que hacemos en la vida, se trata de una experiencia inolvidable. Lo único que se vive con la misma intensidad que el primer amor, es la primera ruptura. No es raro que el primer desamor sea el más doloroso para cualquiera.

El primer amor es el primer “nosotros”. Por primera vez se siente la equidad en el nosotros, la renuncia a un yo, por ser nosotros y, cuando la relación se acaba, solo queda el yo y se siente una gran ausencia. Este primer amor representa posibilidades, en donde todo en el mundo es nuevo y excitante. Y nos abre la posibilidad, al terminar esa relación, de “todo aquello que hubiera podido ser”.

El primer amor nos cambia, nos abre un período de crecimiento y desarrollo personal  y permitimos que la otra persona tenga un impacto significativo en nosotros. El amor nos da juventud y vida…. y, al perderlo…perdemos ambos.

Cuando un adolescente está pasando por una ruptura amorosa nos dice: “mamá, tú no sabes lo que yo siento, nadie en el mundo ha amado como yo”, “es el amor de mi vida”, “me muero sin el/ella”. Y penosamente contestamos: “ya conocerás otros muchachos/as”, “eres muy joven”, “hay más peces en el mar”. Frases que muestran la poca comprensión e interés que mostramos ante los sentimientos de los jóvenes.

La desautorización del dolor más frecuente es de los padres, que lejos de permitir que sus hijos se acerquen a ellos en estos momentos, lo que se consigue es que se alejen. ¿Quién quiere confiar en alguien que no escucha y no entiende? (aunque busque dar soluciones). Nadie, esa es la verdad.

La ruptura de pareja es una de las situaciones de duelo más difíciles de superar, porque la persona no desaparece (como cuando fallece) sino que sigue existiendo y viviendo, pero SIN MI. Y peor aún, vamos a tener la ocasión de ver cómo rehace su vida con alguien más. Cuando una ruptura es unilateral (cuando una de las partes quiere dejar la relación), la sensación es de abandono.

John Bowlby considera que las pérdidas pueden dejar un daño a los recursos personales, materiales y simbólicos con los que se ha establecido un vínculo emocional. Rolando Díaz-Loving dice que lo que hace único al rompimiento sentimental o la pérdida de una relación romántica, es que este tipo de rompimientos hace resurgir el sufrimiento que se vivió ante ciertas experiencias de pérdida y abandono en la infancia. Existiendo, además, lo que se le llama” El Tormento de la Esperanza” que siempre está presente en la separación romántica. Porque mientras viva la persona, podría suceder la posibilidad de que regresara con nosotros. 

Duelo por la Pérdida de la Primera Pareja.

Cuando somos jóvenes o no tanto, podemos sufrir una ruptura de pareja y no sentirnos acompañados en el proceso. Existe la tendencia a menospreciar las relaciones amorosas entre los jóvenes, ya sea porque duran menos, pero la intensidad emocional con las que un joven vive sus relaciones, es mayor o igual que las de los adultos.

Díaz-Loving ha podido identificar algunas fases en el proceso de duelo en el rompimiento de pareja como: 

  1. Desesperación, desorganización y confusión: se necesita entender qué sucedió.
  2. Anhelo: se extraña, se piensa y vive, como si la expareja fuera necesaria e indispensable.
  3. Negociación: se valoran las posibilidades de regresar.
  4. Reacciones hostiles: hay enojo con la expareja, con los demás, con uno mismo.
  5. Suspicacia: hay desconfianza, “tenía otra/o novia/o”, “ya no me amaba, esto explica lo sucedido”.
  6. Aceptación:  hay conformidad, resignación, rendición. 
  7. Reorganización y sustitución: hay aceptación y reconciliación con la vida.

Siendo un proceso que va a conllevar semanas o meses,  si se acompaña comprensivamente, podría ser más fácil para nuestros jóvenes superar esa pérdida, hasta que llegue un nuevo amor a su vida. 

Sin embargo, es importante también hablar de lo que podría pasar en caso de fallecimiento de esa novia o novio. Es muy difícil para las y los jóvenes, pues es probable que sea su primer acercamiento a la muerte de manera personal, afectándola/lo personalmente. Al morir la joven o el chico que era su novio, va a suceder que se quede inconcluso ese romance, que va a tender entonces a ser idealizado y que puede llevar al adolescente o joven a entorpecer sus otras relaciones en el futuro, al encontrarse que “nadie” es tan “perfecto/a” como era la persona que murió. 

Desafortunadamente, por ser joven y por el tipo de relación que tenían, no es tomado en cuenta como doliente por parte, tanto de su familia como de la familia de su pareja. Y en algunas ocasiones, puede suceder que ni siquiera se sepa de la existencia o de la importancia de la relación que había entre ellos, lastimando de esta manera profundamente al adolescente con esta actitud. 

Creemos que el amor joven se olvida pronto, o se cambia con facilidad. Y no hay nada más errado. El verdadero amor joven es profundo, fuerte, con mucha intensidad emocional y junto a la idealización, puede poner en riesgo al adolescente en duelo.

Es importante considerar que no importa la edad. Si hubo una pérdida significativa para la persona, entonces va a suceder el duelo y no debemos descalificar o desautorizar su dolor. 

El duelo por la pérdida de un noviazgo es doloroso, ya sea por ruptura, separación  o por fallecimiento y puede poner en riesgo al adolescente o jovencita, de vivir una experiencia emocional muy intensa en soledad, sin que pueda comprender del todo cómo afrontar o salir adelante.

Los invito a recordar el dolor que hemos vivido ante las pérdidas románticas y, cómo tal vez nos hemos sentido poco comprendidos, para darle entonces validez a la experiencia emocional de nuestros adolescentes y acompañarlos en ese difícil momento, con comprensión, calidez y amor. Estos elementos nos ayudan a sanar cuando estamos transitando por un período de duelo y qué mejor que hacerlo de gente en la cual podemos confiar y querer.

“No hay un camino correcto para el duelo, 

tu manera de sentir y procesar es válida y única 

y qué mejor que  hacerlo en compañía de los que te aman”.

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