» Cuando el duelo parece quitarle sentido a la vida… «

Por: Psico. Milena Casas
@psicologa_milena.casas (Instagram – Youtube)
ps.casascastromilena@gmail.com

¿Cómo puede convertirse en el inicio de uno nuevo?

Hemos sido educados para creer que el sentido de la vida es uno solo; desde pequeños nos enseñan que la vida tiene un rumbo claro. Nos preguntan qué queremos estudiar, en qué queremos trabajar, con quién queremos formar una familia. Se nos forma para construir estabilidad, un “para siempre”. El sentido parece algo fijo, alcanzable, casi definitivo. Crecemos creyendo que el sentido de la vida es algo estable, casi definitivo: un proyecto profesional, una relación duradera, un plan compartido.

Aprendemos a buscar lo seguro, lo que parece permanente. Construimos nuestro futuro como si estuviera garantizado.

Pero un día ocurre una pérdida. Y todo cambia y el duelo lo demuestra con contundencia.

Cuando muere un ser amado, no solo se va la persona, no solo enfrentamos la ausencia física; también se fractura el horizonte que compartíamos con esa persona Se va también el futuro que imaginábamos con ella. Se rompen planes, rutinas, sueños. Lo que antes parecía sólido, ahora se siente frágil. Y aparece una sensación profunda, difícil de explicar, a la que muchos duelistas describen como: “me siento vacío”.

No es solo tristeza. Es desorientación. Es como si el piso y el horizonte hubieran desaparecido al mismo tiempo. Viktor Frankl habló de la “existencia provisional” para describir esa experiencia de vivir sin horizonte claro. En el duelo sucede algo similar: el futuro se vuelve incierto y el presente pierde dirección. 

Cuando el futuro se suspende, se siente que se vive sin horizonte claro, sin saber qué viene después. En el duelo, muchas personas experimentan algo parecido. Se despiertan preguntándose: “¿y ahora qué?”, “¿qué va a pasar conmigo?”, “¿qué sentido tiene seguir?”

Durante mucho tiempo hemos creído que el sentido de la vida es uno solo. Que todo depende de una persona, de un proyecto, de una etapa. Por eso, cuando esa base se rompe, sentimos que todo perdió significado.

Pero tal vez el problema no es que el sentido haya desaparecido. Tal vez lo que ocurrió es que cambió… y todavía no sabemos cómo reconocerlo.

El vacío que asusta… y que también revela.

Muchos duelistas describen el duelo como un vacío profundo. Y el vacío asusta. Nos urge llenarlo rápido: con actividades, con distracciones, con respuestas inmediatas.

Sin embargo, el vacío no siempre es ausencia. A veces es un espacio de transición. Frankl describió la frustración existencial como la sensación de pérdida de sentido. Sin embargo, el vacío no significa que la vida ya no tenga significado; indica que el sentido anterior se ha agotado y el nuevo aún no ha sido descubierto.

Cuando algo muy importante en nuestra vida se termina, necesitamos tiempo para sentir, para llorar, para permitirnos estar tristes sin exigirnos claridad inmediata, antes de intentar reconstruir respuestas. No se puede reconstruir el sentido saltándose el dolor. Primero hay que atravesarlo.

El duelo no se resuelve pensando más. Se resuelve permitiendo sentir lo que duele.

La pregunta que transforma.

Frankl propone algo poderoso: En estos momentos donde perdemos el sentido sobre la vida, no es el ser humano quien debe preguntarle a la vida cuál es su sentido; es la vida la que nos pregunta a nosotros: ¿qué espera la vida de mí, ahora?

En el duelo solemos decir: “¿Por qué me pasó esto?”, “¿qué voy a hacer ahora?”. Pero, tal vez, la pregunta que transforma es otra: ¿qué actitud voy a asumir frente a esta pérdida?

No podemos cambiar lo que sucedió. No podemos evitar el dolor. Pero sí podemos decidir cómo responder a él.

Con el tiempo —y con acompañamiento adecuado y las decisiones acertadas— el duelo puede convertirse en un proceso de crecimiento. No porque la pérdida haya sido “buena”, sino porque la persona descubre nuevas fortalezas, nuevas formas de amar, nuevas maneras de relacionarse con quien ya no está físicamente.

El vínculo no desaparece. Se transforma.

El sentido no es fijo, es dinámico.

Quizás uno de los aprendizajes más profundos del duelo, es comprender que el sentido de vida no es único ni estático. Cambia con las etapas, con las experiencias y también con las pérdidas.

Lo que daba sentido a mi vida hace diez años, no es exactamente lo mismo que hoy. Y después de una pérdida importante, el sentido vuelve a moverse. El problema no es que el sentido se transforme; el problema es creer que solo había uno.

Eso no significa traicionar al ser amado. Significa aceptar que la vida continúa y que todavía hay algo que espera de nosotros.

El vacío que hoy duele, puede convertirse en el espacio donde nazca un nuevo propósito. No se trata de reemplazar a quien se fue. Se trata de integrar su recuerdo de una manera distinta, mientras seguimos viviendo.

El duelo no le quita sentido a la vida. Nos obliga a descubrir que el sentido está en movimiento.

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